El fin del mundo llegó y se fue, pero no tenía la forma que habían pronosticado las profecías mayas para 2012, sino la de una enorme llamarada solar. El 22 de julio de ese año, una eyección masiva estuvo muy cerca de impactar contra la Tierra y, de habernos golpeado, habría provocado un desastre tecnológico a escala global.
Cada 11 años, el Sol llega a un punto en su ciclo que llamamos “máximo solar”. Hacia el final de ese período, la estrella entra en mayor actividad y se suceden en ella muchos eventos climáticos fuertes, como manchas y erupciones solares, y ligeros aumentos en la emisión de radiación. El último máximo solar culminó en 2013, pero el fenómeno que sorprendió a los científicos, un año antes, fue otro: “una supertormenta solar es un evento de baja probabilidad, pero de altas consecuencias que amenaza severamente las infraestructuras críticas de la sociedad moderna”, explicó Ying Liu, física que trabaja en la Academia de Ciencias de Beijing y que colaboró en el estudio de la universidad de Berkeley sobre el tema.
Aunque en su momento no se la reportó como grave, en este reciente estudio se afirma que, si esta tormenta perfecta hubiera ocurrido nueve días antes, la onda magnética resultante habría impactado sobre la Tierra, cortando satélites, sistemas bancarios, equipos hospitalarios y control aéreo; además de apagar celulares, computadoras y GPS. Millones de personas habrían quedado a oscuras.
De haber estado en su camino, las explosiones solares habrían envuelto a la Tierra en una de las tormentas eléctricas más grandes de la historia, segunda al llamado evento Carrington, de 1859.
En esa ocasión, la tormenta cortó todos los sistemas telegráficos -el medio predominante de comunicación de esa época- y llevó la aurora boreal tan al sur que se pudo ver en Hawaii y Cuba.Hoy, las consecuencias de una tormenta eléctrica para una sociedad tan dependiente de la tecnología y la electricidad serían devastadoras.
Un estudio de la aseguradora estadounidense Lloyds de 2013, por ejemplo, estimó que un evento como el de Carrington podría causar hoy 2.6 billones de dólares en daños en todo el mundo y que nos tomaría entre cuatro a diez años recuperarnos de él.
Midiendo la tormenta perfecta
El estudio de Berkeley, publicado en el journal Nature Communications, concluyó que la explosión causó una nube magnética en el viento solar a la alucinante velocidad de dos mil kilómetros por segundo, cuatro veces más que lo normal en una tormenta solar.
Los investigadores dictaminaron que la explosión debe haber sido resultado de al menos doseyecciones de masa coronal -las erupciones más intensas de las que es capaz el sol- separadas por apenas unos minutos de diferencia, que enviaron un pulso de plasma magnetizado por el espacio. Esa onda finalmente atravesó la órbita de la Tierra, pero en ese momento nuestro planeta se encontraba al otro lado de la estrella.
“Es como con los terremotos, es difícil que la gente entienda la importancia de prepararse a menos que se sufra uno de magnitud nueve”, dijo Liu.
Según la NASA, una de las mejores formas para prepararnos ante estas eventualidades es realizando modelos de computadora con toda la información de eventos pasados. Esta vez, la supertormenta de 2012 se documentó gracias a la labor conjunta de tres satélites: los dos STEREO y el satélite observatorio helioesférico (SOHO), que administra la Agencia Espacial Europea con la NASA.
©NASA GSFC SDO/Difusión
Las tres aeronaves tienen órbitas que permiten vistas del sol a diferentes ángulos, ayudándonos a mapear una imagen tridimensional del evento, con una vista completa de 360 grados. Pero no son los únicos programas: la NASA cuenta también con otras misiones alrededor del Sol, como la Hinode y la del observatorio de dinámica solar.
Este es el video que capturó STEREO A, el día de la tormenta:
Lanzados en 2006, los satélites STEREO recorren los campos magnéticos del Sol para ayudarnos a entender cómo y por qué ocurren estas enormes tormentas solares, con la esperanza de, eventualmente, poder predecirlas.
Pero los investigadores dicen que aún queda mucho trabajo por hacer al respecto: “La observación de las supertormentas solares ha sido extremadamente deficiente y nuestra comprensión actual de ellas es muy pobre”, afirmó Liu.
Para la experta, la formación y evolución de estos eventos es uno de los principales temas a tener en cuenta para dictaminar la severidad de sus efectos sobre la Tierra. Pero la falta de información en cuestiones tan fundamentales, subrayó, es lo que continúa retrasando el trabajo.
Pocos planes para el futuro
En diciembre pasado, Daniel Baker, profesor de la Universidad de Colorado en Boulder, planteó en el encuentro de la Unión Americana de Geofísica trabajar para que los políticos comenzaran a plantearse seriamente los peligros del clima espacial.
En su disertación, Baker propuso que el evento de 2012 fuera adoptado como una estimación de lo peor que podría ocurrirnos en caso de que el Sol nos golpeara realmente y que el ejemplo sirviera para modelar sus posibles efectos en nuestros sistemas tecnológicos.
“Ya que tenemos la información sobre el evento, vamos a jugar con diferentes modelos y ver qué pasa”, señaló el experto. “Si hacemos esto, estaremos un paso más cerca de ofrecer a los políticos información concreta para saber qué pasaría con diversas tecnologías terrestres y en órbita en lugar de esperar a ser golpeados de forma directa”.
Entender estos fenómenos es el primer paso para prepararnos contra ellos, aunque algunos ya lo intenten. En enero, la Comisión Reguladora de Energía estadounidense propuso adoptar nuevos estándares frente a posibles daños en el sistema energético, causados por anomalías geomagnéticas, como las que podrían ocurrir si fenómenos como estos se repitieran.
Pero, al ser tan infrecuentes, estos peligros suelen dejarse de lado por las autoridades en beneficio de temas más apremiantes y convenientes. Mirar al cielo, al parecer, no está en los planes.
“Mis colegas creen que hasta que no tengamos un evento que golpee de lleno la Tierra y cause el caos total, las autoridades no van a prestar atención”, recalcó Baker. “El mensaje que estamos tratando de transmitir es que hemos hecho mediciones directas de la eyección de 2012 y vimos todas las consecuencias, sin tener que pasar por un golpe directo en nuestro planeta”.

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